Homenaje a las víctimas del 11-S: Un compromiso mundial en pro de una aviación más segura
Toshiyuki Onuma, presidente del Consejo de la OACI
Juan Carlos Salazar, secretario general de la OACI
Es nuestra obligación honrar a las víctimas de los atentados del 11 de septiembre —2 977 inocentes que perdieron la vida aquel día y el sinnúmero de personas que también han sufrido y continúan sufriendo, de formas inenarrables— velando por que jamás vuelva a ocurrir nada semejante. Tal fue la determinación de la OACI inmediatamente después de aquella aciaga jornada, y ese compromiso sigue siendo hoy tan firme y esencial como en ese momento.
Los atentados del 11 de septiembre de 2001 dejaron al descubierto una transformación del cuadro de amenazas mundial al que la comunidad de la seguridad de la aviación tuvo que hacer frente con rapidez. Los Convenios de Tokio, La Haya y Montreal y otros tratados entonces vigentes se habían concebido para mitigar el riesgo planteado por incidentes de seguridad como el sabotaje y el secuestro de aeronaves. Menos de dos semanas después de los atentados, 169 países se reunieron en la sede de la Organización de Aviación Civil Internacional en Montreal y aprobaron por unanimidad una resolución de la Asamblea que condena el uso de aeronaves como armas y los compromete a cooperar urgentemente a escala internacional para prevenir futuros actos de terrorismo contra la aviación civil.
Esa resolución preparó el terreno para la posterior elaboración y adopción de dos nuevos tratados: el Convenio y el Protocolo de Beijing de 2010 que tipifican como delito nuevos vectores de ataque, incorporan las amenazas biológicas y químicas, y van contra las personas que organizan y financian tales actos. Además, mejoran los mecanismos de cooperación transfronteriza, investigación y extradición, y dan respuesta a los primeros indicios de cibervulnerabilidad.
La OACI y sus Estados miembros también ajustaron el marco técnico y reglamentario basado en el Convenio de Chicago de 1944 y sus Anexos. El nuevo plan de seguridad mundial estableció la prioridad estratégica de ayudar a los Estados miembros a estructurar y coordinar sus iniciativas con miras a reforzar la seguridad de la aviación en todo el mundo, y se puso en marcha el Programa Universal de Auditoría de la Seguridad de la Aviación de la OACI para monitorear dichas iniciativas y prestar asistencia cuando fuera necesario.
Los tratados internacionales y las normas técnicas solo cumplen su cometido en la medida en que los Estados velen por su implementación efectiva. Si bien los tratados de la década de 1970 gozan de una ratificación casi universal, lamentablemente menos de un tercio de los Estados miembros de la OACI han ratificado el Convenio y el Protocolo de Beijing. Es fundamental que se generalice la adhesión a estos nuevos tratados para que los marcos jurídicos puedan evolucionar al compás de los riesgos; este es, por lo tanto, uno de los principales ejes de la labor de promoción que realiza la OACI.
Otras entidades de las Naciones Unidas especializadas en la lucha contra el terrorismo y la delincuencia han contribuido a integrar la seguridad de la aviación en el marco más amplio de la arquitectura antiterrorista. Esta arquitectura incluye las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que instan a los Estados a colaborar con la OACI para velar por la seguridad de sus aeropuertos y vuelos, y que les exigen que recopilen y utilicen la información anticipada y el registro de nombres de personas pasajeras para detectar e impedir el desplazamiento de combatientes terroristas. Tales obligaciones se recogen en las propias normas y textos de orientación de la OACI. Esa misma cooperación se centra ahora en nuevas y graves amenazas, entre las que destaca el uso de los sistemas de aeronaves no tripuladas (UAS) con fines terroristas.
Es menester que no perdamos de vista la necesidad de reexaminar en forma constante, ya que las amenazas evolucionan con gran rapidez. La ciberseguridad, las amenazas internas y el uso indebido de los sistemas de aeronaves no tripuladas son algunos de los factores que plantean nuevas dificultades reglamentarias y operacionales, pero no son los únicos. Paralelamente, las interferencias en la navegación, la intrusión en las cadenas de suministro y los riesgos para la aviación civil que plantean las zonas de conflicto exigen respuestas flexibles, como también ocurre con disrupciones de otra índole.
También debemos reconocer que no todos los Estados están en condiciones de cumplir las normas internacionales. Esta realidad repercute en todo el mundo, ya que las deficiencias en una jurisdicción pueden tener un efecto dominó en todo el sistema. Para mejorar estas capacidades, se debe invertir continuamente en instrucción, conocimientos especializados y tecnología, así como en una vigilancia independiente. Por tal motivo, la OACI lleva a cabo auditorías obligatorias de sus Estados miembros y, al mismo tiempo, ofrece apoyo a la creación de capacidad en respuesta a los problemas. Además, seguimos comprometidos con una reforma continua y basada en datos empíricos, lo que implica derogar las normas a medida que se vuelven obsoletas.
El marco vigente de seguridad de la aviación es fruto de años de iniciativas multilaterales de adaptación y es una tarea que aún no ha concluido. Pese a los avances muy significativos que hemos logrado, este marco debe seguir evolucionando en sintonía con el objetivo de evitar la pérdida de vidas humanas.
La OACI cree firmemente que esta aspiración está a nuestro alcance. Aunque el número de vuelos y de personas transportadas sigue creciendo a un ritmo vertiginoso, la seguridad de la aviación no deja de mejorar en todo el mundo. Por eso, nuestra visión estratégica para 2050 —es decir, para los próximos 25 años de aviación— prevé un transporte aéreo accesible para todas las personas, con el objetivo de cero víctimas mortales y cero emisiones netas de carbono.
Prevenir las muertes ocasionadas por actos de interferencia ilícita contra la aviación civil exige cooperación permanente y firme entre los gobiernos y sus organismos, quienes están al frente de las empresas de todo el sector del transporte aéreo y otros sectores interrelacionados, y a través del sistema de las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales, incluida la OACI.
Alcanzar este objetivo será el mejor homenaje que podamos rendir a las víctimas del 11 S y de todos los atentados contra la aviación civil en todo el mundo.